4.2. Estación para el registro continuo de gases volcánicos en la Caldera del Volcán Masaya

 

Nemesio Pérez (ITER, España) y  Martha Herrera (INETER)

 

A partir del 15 de marzo de 2002, Masaya es el primer volcán Nicaragüense que dispone de un enfoque multidisciplinario para su programa de vigilancia volcánica de modo continuo. Este avance contribuye a los esfuerzos destinados a la reducción del riesgo volcánico asociado al volcán Masaya y es fruto de un proyecto de colaboración científica entre el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) y el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), organismo de investigación dependiente del Cabildo Insular de Tenerife (Islas Canarias, España). Para la materialización de este proyecto las instituciones anteriormente mencionadas han contado con la colaboración de la Cooperación Española en Nicaragua y de las autoridades del Parque Nacional del Volcán Masaya.

 

La mayor parte de los volcanes activos del planeta que se encuentran bajo continua observación se caracterizan por el uso y empleo de técnicas geofísicas convencionales para su programa de vigilancia volcánica; registro de la sismicidad asociada al volcán. A raíz de las diversas crisis volcánicas ocurridas durante los últimos 20 años, la comunidad científica y política internacional a través de la Asociación Internacional de Volcanología (IAVCEI) y de la UNESCO, respectivamente, recomiendan un enfoque multidisciplinario para la vigilancia volcánica con la finalidad de mejorar y optimizar la detección de señales de alerta temprana de futuras y posibles crisis volcánicas.

 

En la actualidad toda la comunidad científica internacional entiende que los gases son la fuerza motriz de las erupciones volcánicas, y por lo tanto, el monitoreo de su composición química así como de las tasas de emisión de los gases volcánicos serán una pieza fundamental para los programas de vigilancia volcánica que permitirán mejorar los esfuerzos destinados a la alerta de erupciones volcánicas. Los gases que emite un volcán son como un telegrama procedente del interior de la Tierra que si se logra descifrar e interpretar correctamente, será de gran utilidad para evaluar el estado de actividad de los volcanes.

 

Los volcanes emiten gases a la atmósfera a través de manifestaciones visibles como penachos, fumarolas  y hervideros, pero importantes niveles de emisión de gases en un volcán pueden ocurrir a través de la superficie de forma dispersa o difusa también conocida como manifestaciones no visibles. Estas emisiones difusas de gases son especialmente de dióxido de carbono (CO2), un gas incoloro e inodoro, y uno de los componentes principales de los gases volcánicos. En el caso del volcán Masaya, los niveles de emisión difusa de dióxido de carbono (CO2) pueden llegar a ser superiores a las 10,000 toneladas diarias según un estudio realizado por científicos del ITER e INETER en el año 1999.

 

Con la finalidad de materializar una de las tres acciones recomendadas por la IAVCEI y la UNESCO para la reducción del riesgo volcánico mencionada anteriormente, y contribuir a la mejora y la optimización de la detección de señales de alerta temprana de futuras y posibles crisis volcánicas en el Masaya, INETER e ITER han instalado un estación geoquímica que permite realizar un registro en modo continuo de las emisiones difusas de gases que tienen lugar en la zona del Cerro del Comalito.

 

Esta estación geoquímica registra en modo continuo la emisión difusa de dióxido de carbono (CO2) y de sulfuro de hidrógeno (H2S) así como un importante número de variables meteorológicas que permitirán evaluar y eliminar la influencia de variables externas en el proceso de desgasificación procedente del interior del volcán. Con la puesta en marcha de esta estación geoquímica y la ya existencia de un monitoreo sísmico del volcán Masaya cuenta ya con un enfoque multidisciplinario para su vigilancia.